Los parques con cedros tienen rasgos propios. Las crestas boscosas de Chréa constituyen una reserva de agua para las ciudades cercanas; en Théniet El Had, cedros y robles marcan el encuentro entre Ouarsenis y Serssou. Djurdjura cambia según la altitud y la exposición de sus laderas, mientras que los pliegues del relieve de Belezma dan a sus bosques un entorno montañoso diverso. En la costa, las alturas calizas de Gouraya se alzan junto a Béjaïa, y Taza invita a mirar hacia el interior, a los robles de Guerrouch. El Kala propone otro ritmo, con lagos de agua dulce cuyos hábitats merecen observarse sin prisas. Elige un paisaje que te interese y reserva tiempo para descubrir sus detalles.
Ahaggar y Tassili n’Ajjer merecen viajes por separado para conocer sus paisajes culturales saharianos. En Ahaggar, Assekrem ofrece una panorámica de las montañas del Atakor, mientras que el agua de Afilal sustenta la vegetación, los peces y las comunidades locales. En Tassili, el agua y el viento modelaron la arenisca; los dibujos y grabados dejaron constancia de los cambios del entorno y de la vida humana. Estos parques culturales reúnen patrimonio natural y cultural en territorios extensos. Cada excursión permite conocer una parte de ese conjunto: empieza por los lugares que más te interese comprender, no por el número de paradas.